Hemeroteca :: 12/03/2009
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CIUDAD REAL - Sociedad y Cultura

REPORTAJE

Por Celia Naharro Salas
Última actualización 11/03/2009@15:55:20 GMT+1
Imagen de la V reunión del Comité del Círculo de Bellas Artes.
El relevo al frente de la concejalía de Cultura de Ciudad Real en 2007, con el cambio del equipo de Gobierno, trajo al entorno de las asociaciones culturales de la capital, agrupadas en su mayoría en el Círculo de Bellas Artes, grandes expectativas de cambio y de participación. En los primeros meses, se atisbaron movimientos en pro de la participación ciudadana y de colaboración entre la administración y el tejido cultural local pero después, todas las esperanzas y la ilusión generadas se han ido transformando en decepción y frustración.
Así lo explica a globalCastilla-La Mancha, Alberto Muñoz, presidente del Círculo de Bellas Artes de Ciudad Real. “Todo el diálogo que tuvimos se ha venido abajo y ahora, de nuevo, no hay intención de establecer o de crear una política cultural participativa ni, lo que es más importante, un cambio de modelo cultural”, dice. Y es que Lydia Reyero trajo nuevas maneras de hacer en la política cultural del Consistorio y en los primeros de meses la edil se mostraba siempre disponible, su presencia pública y apariciones en prensa fueron continuas, así como sus reuniones con los distintos colectivos culturales de Ciudad Real. “Tuvimos la esperanza de que el cambio podía llegar de verdad pero todo ha resultado incierto. Ahora la concejala es menos accesible, esperábamos para octubre una nueva reunión que nunca llegó y, en definitiva, parece que lo único que se ha cambiado es la fachada, ya que el fondo sigue siendo el mismo que había con el anterior concejal”, continúa Muñoz.

Uno de los problemas más importantes que tiene Ciudad Real desde el punto de vista cultural es, para los componentes del Círculo, que no existe una evaluación por parte de las administraciones y, si no hay reflexión y evaluación, no se puede mejorar. “La evaluación de la política cultural debe entenderse como una medida de fortalecimiento de la democracia. Porque no sólo hay que evaluar para medir la eficiencia de la gestión, sino también para rendir cuentas; porque, si no se rinden cuentas, no hay información y si no hay información, el ciudadano está al arbitrio de lo que los políticos quieran hacer o nos quieran contar”, asegura el presidente del Círculo.

Desde las asociaciones culturales de la ciudad, se tiene la impresión de que la política cultural para el Ayuntamiento es simplemente programar el Teatro Quijano y que haya cierta calma social, “entendiendo como calma social tener satisfecho a los dos o tres grupos culturales de presión que son los que sustentan el sistema actual”, apunta Muñoz. Por eso, una de las principales misiones del Círculo es intentar explicar que como ciudadanos y como asociaciones se tienen ciertos derechos que se deben reivindicar. “Además de eso queremos hacer hincapié en que es necesario, después de treinta años, reflexionar sobre un modelo cultural que ya está obsoleto, que está agotado, que es injusto porque no es nada equitativo y que no exprime las potencialidades culturales que tiene la ciudad”, añade Alberto Muñoz.

Y es que, desde el Círculo llevan mucho tiempo denunciando que no se está cumpliendo la Ley de Subvenciones. La manera actual de repartir lo presupuestado para las asociaciones culturales no responde a un criterio establecido. Para 2008, según indica el presidente del Círculo, la cantidad destinada a las asociaciones pasó de 12.000 a 42.000 euros. “En términos cuantitativos supone un aumento de casi el cuádruple. Pero no ha habido una convocatoria pública y no sabemos a quién ha ido ese dinero, no sabemos para qué interés general se ha utilizado”, apunta Alberto Muñoz. Asimismo, no se ha informado sobre el destino de los 50.000 euros que había presupuestados para el Festival de Jazz, que nunca llegó a celebrarse.

Por otra parte, denuncian que dentro del presupuesto de Cultura existan 43.000 euros que vayan directamente a parar a las cofradías de Semana Santa, así como subvenciones finalistas, que aparecen todos los años en el presupuesto y que van a las manos desde hace años, de las mismas organizaciones como, por ejemplo, Mazantini (3.000 euros), Quijote 2000 (6.000 euros), la Banda de Música (105.000 euros) o la Asociación de Amigos del Teatro (2.000 euros). “Es decir, que por un lado hay asociaciones culturales que tienen sus partidas asignadas históricamente y todo el resto, las que no tienen ese privilegio, son las que tienen que repartirse 42.000 euros. Pero además no hay un criterio para repartirlo, parece que simplemente se trata de que vayas a hablar con el concejal y le guste el proyecto. Esto genera muchas rencillas porque se sabe que a determinados colectivos se les da dinero con arbitrariedad”, puntualiza Muñoz.

En definitiva, desde el Círculo de Bellas Artes proponen que se deje hacer a los que tienen recursos, ilusión y motivación pero que se de un impulso a los que tienen menos, “que no se de siempre de comer a los mismos”. Además, cuidando de que el apoyo público no anule la iniciativa privada. “Ocurre frecuentemente en España que la administración lo fagocita todo, hasta el punto de convertir iniciativas privadas en iniciativas amordazadas que pierden su capacidad de hacer crítica”, explica Alberto Muñoz. Además, desde el Círculo apuestan por una cultura de proximidad frente a los grandes eventos que lleve la cultura a los centros culturales y sociales de los barrios, por el fomento de la demanda y por las economías de escala, que conllevan el diálogo entre las distintas administraciones para optimizar recursos y poder llegar a más ciudadanos.

Desde el Círculo creen que de todo esto se puede salir, que existen soluciones factibles que lleven a mejorar. Para ello, consideran imprescindible un cambio de modelo cultural que esté respaldado por un compromiso público con acuerdo en el Pleno municipal y la creación de un Consejo Local de Cultura, en el que todas las partes estén representadas, con el objetivo de diseñar juntos una política cultural. Alberto Muñoz cree que es sencillo y recuerda que “a la gente no hay que repartirle sólo dinero, sino que es más importante que tengan capacidad de decisión”.
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