Hemeroteca :: 24/07/2008
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TOLEDO - Sociedad y Cultura
Por S. M.
Última actualización 02/09/2008@12:50:46 GMT+1
No pocas veces, la realidad supera la ficción. Esta premisa, tan manida en nuestros días, cobra plena vigencia en La décima clave, una novela donde la novela negra, el suspense, el intimismo y la historia se entrelazan para tejer un relato de ficción, con base real y demostrable.
Uno de los sustentos verídicos más importantes del relato es, el tal vez desconocido para muchos, proyecto Haarp, puesto en marcha en la década de los ochenta por el Gobierno estadounidense, y que ha dado lugar a una nueva generación de armas, silenciosas y difíciles de neutralizar. A través de este sofisticado sistema de alteración ionosférico, el hombre puede influir en el clima o, lo que es más inquietante, en las conciencias. Antonia Corrales desvela con maestría uno de los proyectos más controvertidos de las últimas décadas en este libro, publicado recientemente.

¿Cómo se topó con el tema sobre el que desarrolla su novela?
De una manera muy curiosa. Comencé a estudiar sobre el mensaje codificado de las páginas del Quijote y las relaciones poco conocidas entre Loyola y Cervantes, y esto me unió de forma casi inexplicable con el proyecto Haarp.

¿Qué hay de verdad y qué de ficción en La décima clave?
Es una novela de ficción, pero está basada casi en su totalidad en datos reales con una serie de criptogramas que el lector tiene que ir descifrando, llevándole a un sorprendente final. En el libro, la historia se lleva a cabo en España, pero en la realidad el proyecto se está poniendo en práctica en diferentes lugares del mundo.

Y usted difiere de la teoría oficial del Haarp...
El Haarp es un proyecto sobre el que hay dos versiones: la oficial, del Gobierno estadounidense, que asegura que únicamente pretende mejorar las telecomunicaciones, hallar yacimientos minerales, etc... Pero luego está la no oficial, que ha sido avalada por multitud de científicos. Al ser un calentador ionosférico y enviar radiofrecuencias, puede alterar la ionosfera con una potencia muchas veces superior a una bomba atómica. Esto puede tener efectos desastrosos, pero invisibles, desde modificar el clima, hasta alterar funciones vitales de las personas. El propio creador del proyecto dice que es el arma más potente que puede existir

¿Pero, con qué fin?
Se puede variar el clima de una región concreta. Si varias el clima, puedes modificar absolutamente todo: la agricultura, la ganadería... Con fines militares, puede llegar a ser un arma muy peligrosa.

Supongo que ha recibido mensajes o llamadas de gente que ha leído su libro, ¿qué es lo que más les llama la atención a los lectores?
A los lectores que he tenido acceso les llama mucho la atención el descubrir la existencia de este tipo de proyectos, pero también se han sorprendido por la vinculación entre Loyola y Cervantes, que también está relacionada con el Haarp.

El 23 de julio de 2007 un extraño fenómeno sacudió Melilla. Los expertos en meteorología no han podido darle explicación. En sólo cinco minutos, y en dos ocasiones durante el mismo día, subió la temperatura 18 grados ¿Es una consecuencia del Haarp?
Lo calificaron de ola de calor, pero no se conocen las causas reales. Pudo ser simplemente un fenómeno meteorológico, pero por qué no, bien pudiera haber estado implicado el Haarp, ya que puede provocar tsunamis, terremotos, incluso provocó por error una aurora boreal. Y esto está contrastado. Es una arma muy poderosa. Se está jugando a ser Dios con y puede ser como una carambola. Si tocas la ionosfera demasiado, puede estallar. Hay muchos científicos que lo están advirtiendo.

¿Por qué la mayoría de la gente enseguida tacha de lunáticos a los que promulgan teorías que se salen de la línea oficial?
Por desconocimiento y por miedo a que todo esto fuera verdad. Pero también porque la gente ya no cree en lo que no ve. Si ahora yo viajase a la Edad Media y mostrase a alguien una televisión o dijese que soy capaz de ver el interior del organismo con rayos x, me dirían que estoy haciendo magia. Ahora está sucediendo lo mismo, pero hay una cosa clara, que el control de la mente ha sido siempre el territorio a conquistar. Si somos capaces de hacer un trasplante de células madre para curar un cáncer, ¿por qué no vamos a ser capaces de incidir en la mente? Un órgano tan serio como es la CIA, por ejemplo, tiene departamentos concretos para las premoniciones, aunque a muchos pueda sorprenderles.

¿Somos más escépticos?
Sí. Hay mucho escepticismo, pero porque hemos perdido muchas cosas. Somos casi como autómatas. Cuanto menos pensemos, es mejor. Nos dan todo hecho y hemos perdido muchas percepciones que antes teníamos. En una gran ciudad pierdes oído, olfato… Pero también facultades psicológicas, como la capacidad instintiva de comunicación, de saber que van a venir a verte; de que alguien piense en tí justo cuando tú piensas en él gracias a la segregación de hormonas... Todo esto es real y lo estamos perdiendo. Pero no hay magia. Somos química pura.

¿En qué proyecto está trabajando en este momento?
Mi próxima novela está ambientada en la plaza de San Pedro de Roma, aunque también tiene un recorrido por España, por Santiago de Compostela. Tendrá historia, intriga... Es muy parecido a este libro en el sentido de que me gusta ir proponiendo varios misterios en la misma historia.
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